El conflicto entre Irán y Estados Unidos dispara los precios del petróleo y el gas, exponiendo la frágil dependencia de los combustibles fósiles. Mientras la UE se enfrenta a la amenaza de un estancamiento económico con alta inflación, España aprovecha su infraestructura de GNL para capear el temporal, aunque los agricultores y las pymes ya notan el golpe.
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