La genética se convierte en el nuevo escudo contra la garrapata: una revolución en el control parasitario

Un investigador del INTA presentó en Paysandú las claves de un enfoque que combina resistencia genética con manejo químico estratégico para combatir al parásito que más pérdidas económicas genera en la región.

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  • 28 de mayo del 2026
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La genética se convierte en el nuevo escudo contra la garrapata: una revolución en el control parasitario

**Paysandú, Uruguay.** En el marco de la Gira de Otoño de la Sociedad de Criadores de Brangus del Uruguay, el doctor Santiago Navas, investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina, presentó una ponencia que propone un cambio de paradigma en la lucha contra la garrapata. Su mensaje fue contundente: la genética debe dejar de ser una cuestión meramente estética para convertirse en la primera barrera biológica contra uno de los ectoparásitos más perjudiciales para la ganadería regional. Durante su exposición, desarrollada en el predio de la Asociación Rural Exposición Feria de Paysandú, Navas alertó sobre el agotamiento de un sistema que ha descansado casi exclusivamente en el uso de productos químicos.

**Una estrategia química al borde del colapso**
El especialista argentino fue claro al señalar que el modelo actual se enfrenta a límites estructurales. Por un lado, la resistencia a los garrapaticidas es una realidad evolutiva imparable. Por otro, las exigencias de los mercados internacionales, con largos tiempos de carencia y el riesgo de residuos en carne, ponen en jaque la viabilidad comercial de las carnes de la región. “La rotación de principios activos, una práctica recomendada, puede convertirse en un arma de doble filo si no se considera la acumulación residual de drogas como las lactonas macrocíclicas o el fluazurón en el tejido muscular”, advirtió Navas, citando estudios que confirman la persistencia de estos compuestos incluso tras periodos de descarte.

**La genética como aliada histórica**
Frente a este escenario, el investigador rescató conocimientos que, aunque datan de las décadas de 1960 y 1970 en Australia, habían quedado relegados por la aparente eficacia de los químicos. La clave está en la selección de biotipos con un mayor porcentaje de sangre índica (cebú), presente en razas sintéticas como Brangus. Navas explicó con una metáfora numérica el impacto de esta resistencia natural: “De cada 100 larvas que suben a un animal susceptible, el 20% completa su ciclo. En una raza sintética, solo el 1% lo logra. El sistema inmune del animal ya está matando al 99%”. Esta reducción drástica de la carga parasitaria genera un ciclo virtuoso que disminuye la presión sobre las pasturas y, en consecuencia, la necesidad de tratamientos químicos.

**El impacto invisible en la productividad**
Uno de los argumentos más sólidos para la adopción de genética resistente es el impacto directo en la producción. Según datos presentados por Navas, un animal con alta carga de garrapatas puede dejar de ganar entre 20 y 40 kilos durante su etapa de desarrollo, una pérdida que el productor no percibe al no ser un fenómeno tan patente como la mortalidad por tristeza bovina. “A igualdad de nutrición y estrés, la diferencia en ganancia de peso es muy significativa, y eso se traduce en kilos que se pierden al alimentar a los parásitos”, enfatizó.

**Un enfoque integral para el control**
Navas propuso un manejo integrado basado en tres pilares. El primero es el conocimiento riguroso de la realidad predial, mediante testeos de resistencia que eviten aplicar drogas ineficaces. El segundo es la inmunización contra la babesiosis y anaplasmosis a través de la hemovacuna, herramienta clave para tomar decisiones sin el temor a brotes mortales. El tercero es el uso estratégico de nuevas moléculas como el fluralaner, advirtiendo que “cuando se nos caiga, no quedará nada con qué tratar”. La conclusión es clara: la genética no reemplaza a la química, pero debe ser el punto de partida para un control sostenible y económicamente viable.

**Contexto e impacto**
Este enfoque, presentado en un foro clave para la ganadería uruguaya, supone un llamado de atención para toda la cadena productiva. La garrapata no solo afecta el bienestar animal, sino que compromete la rentabilidad y el acceso a mercados cada vez más exigentes. La posibilidad de reducir la dependencia de químicos y mejorar los índices productivos a través de la selección genética representa una oportunidad estratégica. Para los productores, la información presentada por el INTA puede significar la diferencia entre una lucha perdida contra la resistencia y un manejo inteligente que combine tradición, ciencia y tecnología.