La genética como muralla biológica: el nuevo paradigma para controlar la garrapata en la ganadería
En la Gira de Otoño de Brangus Uruguay, el investigador del INTA Santiago Navas expuso por qué la selección genética de razas sintéticas con componente índico puede reducir la carga parasitaria en un 99% y mitigar la crisis de resistencia a los químicos.
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- 28 de mayo del 2026
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**Paysandú, Uruguay.** La lucha contra la garrapata en la ganadería regional ha llegado a un punto de inflexión. En el marco de la Gira de Otoño de la Sociedad de Criadores de Brangus del Uruguay, el doctor Santiago Navas, investigador del Instituto Nacional de Tecnologías Agropecuarias (INTA) de Argentina, planteó un cambio de paradigma: dejar de ver la genética como un mero atributo estético o productivo para convertirla en una barrera biológica estratégica.
**El agotamiento del modelo químico**
Durante décadas, la principal estrategia de control se ha basado en la aplicación de garrapaticidas. Sin embargo, el especialista advirtió que este modelo está mostrando claros límites. La resistencia parasitaria, sumada a las crecientes exigencias de los mercados internacionales sobre los tiempos de carencia y los residuos en carne, están erosionando la efectividad y la viabilidad comercial de esta práctica. El uso de moléculas como las Lactonas Macrocíclicas y el Fluazurón, advirtió Navas, genera una acumulación peligrosa de residuos en el músculo y la grasa animal, un riesgo que muchos productores subestiman al rotar principios activos sin considerar su persistencia en el organismo.
**Un ciclo virtuoso desde la genética**
Frente a este escenario, la ciencia ha redescubierto un conocimiento que data de los años 60 y 70, proveniente de investigaciones australianas. La clave, explicó Navas, está en el aporte genético de razas sintéticas como el Brangus, cuyo componente índico (cebú) les otorga una capacidad inmune superior para repeler larvas.
“No es que no levanten garrapatas, sino que su sistema inmune es capaz de eliminar hasta el 99% de las larvas infectantes que intentan fijarse en el animal”, detalló el investigador. Este mecanismo de defensa natural genera un ciclo virtuoso: al morir la casi totalidad de las larvas, la cantidad de huevos que vuelven a la pastura se reduce drásticamente. Esto permite espaciar los tratamientos químicos, disminuir la presión de selección que genera resistencia y, en consecuencia, mejorar la salud general del rodeo y la productividad.
**Impacto económico directo**
El especialista del INTA fue contundente al señalar el costo invisible de la infestación. En animales en crecimiento, una alta carga parasitaria puede traducirse en una pérdida de entre 20 y 40 kilos en su etapa de desarrollo. Este efecto, menos visible que la muerte por tristeza bovina, tiene un impacto profundo en la rentabilidad del sistema.
**Un enfoque de manejo integrado**
Navas propuso un esquema de control basado en tres pilares fundamentales: el monitoreo riguroso de la resistencia a los productos químicos en cada predio, la inmunización del rodeo contra la babesiosis y anaplasmosis mediante la hemovacuna, y el uso estratégico de nuevas moléculas como el Fluralaner, cuyo cuidado es vital, ya que, en sus palabras, “cuando se nos caiga esta molécula, no queda nada con que tratar”.
**Contexto e impacto para el productor**
Esta noticia es clave para los ganaderos de la región endémica de garrapata. No se trata de una innovación genética futurista, sino de la aplicación práctica de principios biológicos robustos que ofrecen una solución sostenible a un problema crónico. La adopción de biotipos con mayor resistencia índica no solo reduce la necesidad de químicos, sino que mejora la eficiencia productiva y la rentabilidad a largo plazo. En un contexto donde los mercados exigen carnes libres de residuos y donde la resistencia parasitaria avanza, la genética deja de ser una opción estética para convertirse en la herramienta sanitaria más poderosa del futuro inmediato.