La izquierda acusa a la oposición de tratar al FA como enemigo: ¿un giro peligroso para la democracia uruguaya?

Mientras sectores politológicos del Frente Amplio alertan sobre una presunta radicalización de los partidos tradicionales, un análisis histórico revela que la lógica de confrontación amigo-enemigo habría sido impulsada históricamente por la propia izquierda.

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  • 23 de abril del 2026
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La izquierda acusa a la oposición de tratar al FA como enemigo: ¿un giro peligroso para la democracia uruguaya?

Montevideo, 2026. Un intenso debate sacude los círculos académicos y políticos uruguayos. Una corriente de la politología vinculada al Frente Amplio (FA) ha expresado su preocupación por lo que considera un endurecimiento en la actitud de la oposición política hacia el gobierno de Yamandú Orsi. La discusión se centra en una crítica vertida desde estas páginas editoriales, donde se advirtió que los partidos tradicionales estarían tratando al FA como un 'enemigo' y no como un simple 'adversario', rompiendo así una larga tradición de tolerancia política en el país.

La sombra del siglo XIX y los acuerdos fundacionales
Los defensores de la teoría del 'enemigo' sostienen que, a lo largo de la historia, blancos y colorados fueron capaces de dirimir sus diferencias sin llegar a la aniquilación del otro. Desde la Paz de Abril de 1872, y a pesar de las guerras civiles, ambos partidos priorizaron la 'patria por encima de todo'. El corolario de esta capacidad de pacto se materializó en hitos históricos como la Constitución de 1918, la Ley de Caducidad de 1984, la reforma constitucional de 1996, la salida de la crisis de 2002 o la respuesta a la pandemia de COVID-19.

El FA y la disputa por el relato histórico
Sin embargo, una revisión de estos mismos episodios revela una postura muy diferente por parte del Frente Amplio. En todas esas instancias cruciales, el FA se opuso frontalmente. ¿Quién consideró históricamente al otro como un enemigo?

* Pandemia (2020): Mientras el gobierno decretaba la 'libertad responsable' y pedía evitar aglomeraciones, el FA organizaba actos públicos para juntar firmas y protestar.
* Crisis de 2002: El entonces líder del FA, Tabaré Vázquez, llegó a proponer declarar el default de la deuda soberana, una postura que la coalición gobernante consideró un riesgo existencial para el país.
* Retorno a la democracia (1985-1986): Mientras los militares no concurrían a la justicia civil, el FA azuzaba manifestaciones masivas que, según los partidos tradicionales, buscaban la desestabilización.

El propio discurso fundacional del FA en 1971, encabezado por el Gral. Líber Seregni, estableció una dicotomía 'pueblo contra oligarquía', situando a blancos y colorados como enemigos del bienestar popular. Esta lógica se profundizó en 1996, cuando el FA acordó la reforma constitucional para luego, según se argumenta, ningunearla por parte de su fundador, lo que llevó a la renuncia de Seregni a la presidencia del partido.

Conclusión: ¿Quién rompe la tolerancia?
Desde esta perspectiva, la preocupación de la politología izquierdista sería, cuanto menos, selectiva. Si la tradición uruguaya se basa en el respeto al adversario, quien más se ha alejado de esa conducta es el propio Frente Amplio en momentos clave de la vida nacional. La actual actitud firme de la oposición no sería sino una respuesta a décadas de una estrategia de confrontación que la izquierda ha naturalizado.

Contexto e impacto
Esta polémica no es un simple debate académico. Tiene implicancias directas sobre el clima político y social del Uruguay actual. Si la oposición asume que el FA siempre la ha tratado como un enemigo, su margen de negociación y consenso se reduce drásticamente. Para el lector, entender este cruce de acusaciones es vital para no caer en simplificaciones. La democracia uruguaya se fortalece no cuando un sector impone su relato histórico, sino cuando se reconocen las responsabilidades de todas las partes en el juego político. El desafío ahora es si ambos bandos pueden volver a considerarse 'adversarios' antes de que la historia se repita con consecuencias más graves.