Condenan a cadena perpetua a pareja supremacista por doble asesinato en Carolina del Sur
Christine y Jeremy Moody recibieron sentencia de por vida tras asesinar a un delincuente sexual registrado y a su esposa en 2013, declarando ante el tribunal que no se arrepienten y que fue "el mejor día" de sus vidas.
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- 2 de abril del 2026
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Una pareja vinculada a grupos de ideología supremacista blanca fue sentenciada este martes a cadena perpetua por el brutal asesinato doble cometido hace más de una década en Carolina del Sur. Christine Moody y su esposo Jeremy planificaron y ejecutaron los homicidios de Charles Parker, un delincuente sexual registrado, y de su esposa en el año 2013. Los hechos ocurrieron cuando los Moody simularon una avería mecánica para acceder a la vivienda de las víctimas y perpetrar su ataque.
### Los detalles del crimen
El modus operandi de los acusados revela una planificación premeditada. Una vez dentro del hogar, Jeremy Moody disparó a ambas víctimas. Posteriormente, Christine Moody procedió a degollarlas. Durante el juicio, se presentaron pruebas que detallan la extrema violencia del acto, el cual los fiscales calificaron como un ajusticiamiento extrajudicial motivado por la ideología de los perpetradores.
### Declaraciones impactantes en la sentencia
Al conocerse la sentencia, Christine Moody manifestó ante el tribunal una absoluta falta de remordimiento. "El día que matamos a ese pedófilo fue el mejor de mi vida", declaró la condenada. Tanto ella como su esposo expresaron abiertamente su pesar por no haber tenido oportunidad de acabar con más vidas. En un gesto desafiante, la pareja se besó frente a los miembros del jurado, sellando con ello su desprecio hacia el proceso judicial.
### Contexto e impacto social
Este caso trasciende el ámbito de un doble homicidio y se enmarca en la peligrosa tendencia de la justicia por mano propia y la violencia ideológica. La afirmación de los Moody de actuar contra un delincuente sexual registrado pone sobre la mesa el debate sobre la eficacia del sistema de reinserción y la vigilancia de estos individuos. Sin embargo, su metodología, su afiliación a grupos de odio y su celebración de la violencia los sitúan como perpetradores de un crimen de odio premeditado, no como justicieros. El caso sirve como una advertencia sobre cómo el extremismo puede llevar a ciudadanos a tomar la ley en sus manos, erosionando el estado de derecho y propagando un ciclo de violencia.