Los All Blacks de Nueva Zelanda han escrito un nuevo capítulo de gloria en la historia del rugby al proclamarse campeones del mundo por cuarta vez. En una final vibrante y de intensidad máxima, el combinado neozelandés se impuso a la anfitriona Francia por un ajustado 24-21 en el Estadio de Francia de París, cerrando así la Copa Mundial de Rugby 2026. El partido, disputado este sábado 24 de octubre de 2026 ante un coliseo abarrotado, se convirtió en el evento deportivo más comentado a nivel global, consolidando el torneo como un fenómeno de masas.
El encuentro fue un duelo táctico y físico desde el primer minuto. Nueva Zelanda, dirigida por el entrenador Scott Robertson, mostró su tradicional juego de poder y velocidad, mientras que Francia, bajo el mando de Fabien Galthié, apostó por la presión defensiva y el talento individual de sus estrellas. El marcador reflejó la igualdad durante los ochenta minutos, con los equipos intercambiando golpes de castigo y ensayos. El desempate llegó en el minuto 72 con un drop goal preciso del apertura Richie Mo'unga, que finalmente inclinó la balanza a favor de los visitantes.
La victoria neozelandesa no solo significa su primer título mundial desde 2015, sino que también refuerza su dominio histórico en la competición, igualando a Sudáfrica como la selección más laureada con cuatro trofeos Webb Ellis. Para Francia, la derrota en casa supone una decepción monumental tras una campaña brillante, aunque consolida su estatus como una de las potencias indiscutibles del rugby moderno. El torneo, organizado por World Rugby, ha batido récords de audiencia televisiva y asistencia, con más de 2.5 millones de espectadores en los estadios a lo largo de la competición.
El impacto de esta final trasciende lo deportivo. El evento ha generado un impacto económico estimado en 500 millones de euros para la región de París-Île-de-France, según datos de la agencia de desarrollo local. Además, se espera que el legado del torneo impulse la práctica del rugby en Europa, especialmente entre los jóvenes. La organización fue elogiada por su sostenibilidad, con el 95% de los asistentes utilizando transporte público para llegar al estadio, un modelo que podría replicarse en futuros megaeventos deportivos.
Con esta coronación, Nueva Zelanda cierra un ciclo de reconstrucción exitoso y se erige como el referente mundial de cara al próximo ciclo. La atención del mundo ovalado se desplaza ahora hacia la defensa del título en la edición de 2030, para la que ya hay varias naciones candidatas a organizar el torneo. Mientras, Francia deberá digerir una amarga derrota en casa, pero con la certeza de haber sido parte de una de las finales más memorables de la historia de la Copa del Mundo.