• martes, 03 noviembre, 2026
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El Río Hortega investiga un factor de riesgo cardiovascular genético que afecta a una de cada cinco personas y pasa desapercibido
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El Río Hortega investiga un factor de riesgo cardiovascular genético que afecta a una de cada cinco personas y pasa desapercibido

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El Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid participa en la investigación de nuevos tratamientos dirigidos a reducir los niveles de lipoproteína(a), un factor de riesgo cardiovascular de origen genético que afecta a aproximadamente una de cada cinco personas y que puede permanecer oculto durante años sin provocar síntoma alguno. Así lo explica el internista Pablo Miramontes, del Servicio de Medicina Interna del centro, quien subraya la necesidad de detectar esta partícula mediante un simple análisis de sangre para mejorar la prevención de infartos y otras patologías cardiovasculares.

Una pieza más del puzle cardiovascular

El especialista advierte de que el colesterol, la hipertensión o la diabetes no son los únicos elementos que deben considerarse al evaluar el riesgo de sufrir un problema cardiovascular. «El riesgo cardiovascular es un puzle», señala Miramontes, quien recuerda que durante años la atención se centró en distinguir entre el colesterol bueno y el malo. «Ahora ese colesterol malo le queremos poner más caras para dirigir mejor los tratamientos», añade.

El hospital vallisoletano participa en ensayos clínicos con fármacos orales como el muvalaplin para reducir la lipoproteína(a), una partícula hereditaria que puede provocar infartos en personas aparentemente sanas

Una de esas piezas es la lipoproteína(a), conocida como Lp(a), cuya concentración elevada incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Su particularidad radica en que sus niveles dependen fundamentalmente de la genética, por lo que una persona puede tenerlos altos aunque haga deporte, mantenga una alimentación saludable y no presente otros factores de riesgo conocidos.

Un riesgo invisible que se detecta con un análisis de sangre

La lipoproteína(a) no genera síntomas que permitan sospechar su presencia. Solo un análisis de sangre permite descubrirla, una información que ayuda a completar la evaluación cardiovascular y a decidir qué medidas preventivas conviene adoptar. «Lo hacemos en un análisis de sangre de rutina», explica el internista, quien insiste en la importancia de conocer este indicador para identificar a personas cuyo riesgo podría pasar inadvertido si solo se tienen en cuenta los parámetros habituales.

El componente hereditario hace que el resultado pueda ser relevante para otros miembros de la familia. Por ello, el especialista recomienda valorar la medición en los hijos de pacientes que presentan niveles elevados. Conocer esta circunstancia, sin embargo, no debe generar alarma. «¿Es urgente? No es urgente, no es algo que necesite inmediatez», aclara. En una persona joven que no presenta otros factores de riesgo, «no hay que salir corriendo».

Infartos en personas aparentemente sanas

La ausencia de síntomas es uno de los principales problemas de este factor hereditario. En algunos casos, la sospecha surge después de que una persona sufra un infarto pese a no presentar los factores de riesgo que habitualmente se relacionan con estos episodios. «Lo que sí te puede hacer sospechar es que algo pasa cuando pacientes jóvenes o pacientes sin otros factores de riesgo cardiovascular de repente tienen un evento vascular, como, por ejemplo, un infarto de miocardio», señala Miramontes.

El especialista plantea el caso de «un paciente joven, sano, que no es diabético, no es hipertenso, que es deportista, y de repente tiene un infarto». Ante una situación así, es importante investigar otras posibles causas, entre ellas «una lipoproteína muy elevada». No obstante, insiste en que tener la Lp(a) alta no significa que una persona vaya a sufrir necesariamente un problema cardiovascular. Se trata de un factor más que debe valorarse en conjunto con el resto de la historia clínica.

La genética no se cambia, pero sí otros hábitos

A diferencia de otros indicadores relacionados con la salud cardiovascular, los niveles de lipoproteína(a) no suelen reducirse de forma significativa mediante cambios en la alimentación o la práctica de ejercicio. «Es genético, tú no puedes cambiar tu color de ojos», resume Miramontes. No obstante, el hecho de que no se pueda modificar directamente este factor no significa que las personas con niveles elevados no puedan actuar para proteger su salud.

«Lo que puedes hacer es cuidar esos otros factores de riesgo cardiovascular para que tenga menos peso en la ecuación del riesgo la lipoproteína», explica. El control del peso, la actividad física, la presión arterial, la diabetes y el colesterol sigue siendo fundamental. El objetivo es reducir el riesgo global y evitar que varios factores coincidan y aumenten las posibilidades de sufrir un episodio cardiovascular.

Ensayos clínicos con nuevas moléculas

La investigación de tratamientos específicos para reducir la lipoproteína(a) es una de las líneas que centran actualmente el interés científico. El Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid participa en ensayos clínicos dirigidos a encontrar nuevas opciones para pacientes que presentan niveles elevados de esta partícula. «Se está investigando», explica Miramontes, quien destaca que «hay varias líneas de tratamiento, varias moléculas que ya tienen avanzados sus ensayos clínicos». Entre ellas se encuentra el muvalaplin, un fármaco oral que busca reducir los niveles de Lp(a).

Estos medicamentos continúan en fase de investigación y todavía deben demostrar sus resultados antes de poder incorporarse de forma generalizada a la práctica clínica. El objetivo no consiste únicamente en comprobar si consiguen reducir la concentración de esta partícula, sino también en determinar si esa disminución se traduce en menos infartos, ictus y otros problemas cardiovasculares. Para Miramontes, la investigación responde a una necesidad asistencial: ofrecer nuevas respuestas a los pacientes que siguen sufriendo complicaciones pese a tener controlados otros factores de riesgo. «Es muy triste como médicos o facultativos que un paciente, a pesar de que tú hagas un buen tratamiento en muchos factores, pues aun así hay un grupo de pacientes que siguen presentando infartos», lamenta.

Falta de recursos para la investigación hospitalaria

La participación en estos estudios también pone de manifiesto las dificultades para compatibilizar la investigación con la atención diaria a los pacientes. Miramontes considera que Castilla y León necesita avanzar en la organización de la actividad investigadora dentro de sus hospitales. «El modelo de médico investigador en el hospital no está desarrollado en Castilla y León», lamenta. A su juicio, hacen falta «medios, tanto humanos como espacio y demás» para facilitar que los profesionales puedan dedicar tiempo a investigar sin que esta labor dependa de los huecos que deja la asistencia.

En su caso, parte del trabajo se desarrolla «las tardes, cuando podemos, corriendo», al tiempo que mantiene sus responsabilidades asistenciales y docentes. Pese a estas dificultades, defiende la importancia de que los centros hospitalarios de la Comunidad participen en estudios que permitan desarrollar los tratamientos del futuro. «Hay una palabra que te define un poco a veces estar en los hospitales, que es vanguardia», afirma, con el objetivo de «ofrecer a la gente lo mejor».

Contexto o impacto

La lipoproteína(a) representa un desafío emergente en la prevención cardiovascular porque rompe el paradigma tradicional de que los infartos solo afectan a personas con factores de riesgo clásicos. Su detección mediante un análisis de sangre rutinario permitiría identificar a miles de personas que, pese a llevar un estilo de vida saludable, tienen un riesgo elevado por causas hereditarias. La investigación con fármacos como el muvalaplin abre una vía terapéutica para un problema que hasta ahora no contaba con tratamiento específico, lo que podría cambiar el abordaje de las enfermedades cardiovasculares en los próximos años. Además, el caso del Río Hortega evidencia la necesidad de reforzar la investigación en los hospitales públicos de Castilla y León para que los pacientes puedan acceder a tratamientos innovadores sin depender de ensayos externos.

Con información de eldiadevalladolid.com.

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