• miércoles, 30 septiembre, 2026
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La poesía como acta notarial contra el olvido: Miriam Reyes y la arqueología de la memoria
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La poesía como acta notarial contra el olvido: Miriam Reyes y la arqueología de la memoria

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La concesión del Premio Nacional de Poesía 2026 a la obra 'Sala Augusta', de la poeta Miriam Reyes, ha puesto sobre la mesa una reflexión profunda sobre la relación entre los espacios físicos y la memoria histórica. El galardón, otorgado recientemente, reconoce un texto que bucea en las capas de un antiguo cine de Palma de Mallorca, un edificio que previamente funcionó como prisión durante la represión franquista. La autora, celebrada por su capacidad de channelar el catalán, transforma este escenario de horror en un objeto poético que obliga a mirar lo que a menudo se prefiere ignorar.

La obra de Reyes se inserta en una tradición literaria que utiliza la arqueología doméstica como herramienta para desenterrar traumas silenciados. Al igual que en otras geografías europeas, donde antiguos centros de tortura se han reconvertido en espacios de ocio o alojamiento turístico sin señalización alguna, la poeta plantea una pregunta incómoda: ¿qué hacemos con los lugares que fueron testigos de atrocidades? La respuesta, tanto en 'Sala Augusta' como en la memoria personal de muchos ciudadanos, no es otra que la necesidad de nombrar y recordar, incluso cuando el entorno se empeña en lo contrario.

La reciente concesión del Premio Nacional de Poesía 2026 a 'Sala Augusta' reabre el debate sobre la necesidad de preservar los estratos históricos que el urbanismo y la desmemoria amenazan con borrar.

El texto galardonado resuena con experiencias vitales que trascienden la ficción. La propia autora ha compartido cómo su abuelo sobrevivió a un campo de concentración cuyos terrenos hoy ocupan un parque acuático en Torremolinos, un ejemplo paradigmático de lo que ella denomina 'borrado interesado'. Este fenómeno no es exclusivo de España; en la región serbia de Bosnia, numerosos hoteles que en los años noventa fueron centros de exterminio y violencia sexual operan hoy con total normalidad, sin que los turistas que los disfrutan sean conscientes de su pasado.

La reflexión se extiende al presente y al futuro. Reyes advierte que nuestros propios espacios vitales –desde despachos de abogados hasta huertos urbanos– se convertirán en estratos arqueológicos en unas décadas. La pregunta es si seremos capaces de preservar la verdad de lo que ocurrió en ellos o si, por el contrario, permitiremos que la especulación inmobiliaria y el deseo de 'tabula rasa' impongan su ley. La mención a la masacre y desplazamiento en Gaza, o a los desahucios en zonas exclusivas de Madrid, subraya que la lucha contra el olvido es una batalla contemporánea y global.

El impacto de esta noticia trasciende el ámbito literario para instalarse en el terreno de la ética pública. La obra de Miriam Reyes no solo denuncia la desaparición física de los vestigios, sino que alerta sobre un mecanismo psicológico colectivo: la creencia de que el dolor se extingue si dejamos de mirarlo. Al premiar 'Sala Augusta', el jurado no solo reconoce una obra de gran calidad poética, sino que avala la necesidad de mantener viva la memoria como acto de justicia. En un momento en que el urbanismo salvaje y el turismo masivo amenazan con homogeneizar el paisaje, la poesía se erige como un último reducto de resistencia, un recordatorio de que bajo el asfalto y los campos de golf yacen las historias que nos constituyen.

Con información de malagahoy.es.

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