• miércoles, 30 septiembre, 2026
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La memoria enterrada bajo el asfalto: cómo los espacios de horror se transforman en paraísos de consumo
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La memoria enterrada bajo el asfalto: cómo los espacios de horror se transforman en paraísos de consumo

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La reciente concesión del Premio Nacional de Poesía 2026 a la obra 'Sala Augusta' de Sebastiá Alzamora ha reavivado un debate incómodo sobre la memoria histórica y la transformación de los espacios. El poemario evoca un cine de Palma que antes fue la prisión de Can Mir, una macabra sala de la represión franquista. Este hecho sirve como punto de partida para una reflexión más amplia sobre cómo las sociedades gestionan los lugares marcados por el horror.

De los centros de tortura a los destinos turísticos

Un recorrido por la arqueología doméstica y territorial revela que los lugares de represión y masacre suelen ser borrados y sustituidos por complejos turísticos, campos de golf y viviendas de lujo, en un intento por hacer tabula rasa del dolor.

La historia reciente está plagada de ejemplos donde el horror fue sepultado bajo capas de cemento y olvido. En la región serbia de Bosnia, durante los años noventa, numerosos hoteles que hoy se promocionan como refugios idílicos funcionaron como centros de torturas y exterminio. Uno de ellos, un complejo de aspecto apacible, fue un campo de violación y muerte para 200 mujeres y niñas bosniomusulmanas. La memoria de estos crímenes permanece oculta bajo una fachada de normalidad turística.

En España, la huella de la represión también fue borrada con fines lucrativos. El abuelo de la autora de esta crónica solía decir que durante la Guerra Civil lo enviaron "de vacaciones" a Torremolinos. Solo años después se supo que sobrevivió a duras penas en un campo de concentración cuyos terrenos hoy ocupa el parque acuático Aqualand. Esta arqueología doméstica, íntima y terrible, revela un patrón sistemático de supresión de la memoria.

La pulsión por hacer tabula rasa

Existe una raíz psíquica en el afán de algunas personas por demoler la casa del padre y sustituirla de inmediato por liquidez o nueva planta. Es la ilusión de que el dolor se extingue al no mirarlo. Sin embargo, la historia demuestra que el olvido impuesto no sana las heridas, solo las esconde. La autora de esta reflexión celebra que su casa antes fuera un despacho de abogados, un cine de verano y, en el principio, un huerto. Conocer esos estratos da sentido al presente.

El futuro como yacimiento arqueológico

Las sociedades actuales también serán un estrato arqueológico en unas décadas. Quizá entonces alguien recuerde que en el apacible campo de golf que hoy se levanta en Gaza (o "Riviera de Oriente Medio", según la nomenclatura de Trump) se masacró y desplazó a la población originaria. O que en un apartamento turístico en plena judería hubo un árbol bajo cuya sombra leía José Bergamín. O que en un piso renovado de primeras calidades en una zona exclusiva de Madrid se desahució a una anciana una mañana de septiembre de 2026.

Contexto o Impacto

Esta noticia invita a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva de preservar la memoria de los lugares. La transformación urbana y turística sin criterios de memoria histórica no solo borra el pasado, sino que perpetúa la impunidad y la injusticia. Reconocer estos estratos ocultos es un acto de justicia y una advertencia para el futuro. La poesía, como en el caso de Alzamora, puede ser una herramienta para rescatar lo que el asfalto pretende enterrar.

Con información de granadahoy.com.

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