Diez años del acuerdo de paz con las Farc: el difícil camino de Colombia hacia la reconciliación
Aunque el país es referente mundial en justicia transicional, la violencia persiste en los territorios y la reparación a las víctimas sigue pendiente.
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- 22 de agosto del 2026
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Hace una década, Colombia firmaba un acuerdo de paz histórico con la guerrilla de las Farc-EP, un hito que prometía cerrar más de cinco décadas de conflicto armado. Diez años después, el balance es agridulce: si bien el país avanzó en desarme y en la creación de un modelo de justicia transicional admirado globalmente, los territorios más golpeados aún sufren violencia y las promesas de desarrollo siguen sin cumplirse.
¿Qué se ha logrado?
La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se consolidó como un pilar del proceso, atrayendo a juristas, académicos e investigadores internacionales que estudian el caso colombiano como referente. La dejación de las armas fue un paso clave que permitió desmovilizar a unos 13.000 combatientes, según cifras oficiales.
No obstante, expertos advierten que la paz no puede limitarse a un acto jurídico. La reincorporación política y económica de los excombatientes ha sido lenta y ha enfrentado obstáculos, mientras que la entrega de bienes para reparar a las víctimas aún no se concreta en su totalidad.
La violencia que no cesa
A pesar de los avances, los últimos diez años han evidenciado la aparición de nuevos grupos armados vinculados al narcotráfico y a economías ilegales, que han ocupado los vacíos dejados por las Farc. Las regiones más apartadas, como el Pacífico y la frontera con Venezuela, registran un recrudecimiento de la violencia que amenaza a líderes sociales y excombatientes.
Según informes recientes, cientos de firmantes de paz han sido asesinados desde la firma del acuerdo, lo que refleja la fragilidad del proceso en zonas donde el Estado no ha logrado consolidar su presencia. Esta situación pone en entredicho la promesa de una paz sostenible.
Reparación a las víctimas: una tarea inconclusa
Uno de los mayores retos sigue siendo la reparación integral. Millones de víctimas esperan una compensación económica, moral e histórica que les permita reconstruir sus vidas. Sin embargo, los mecanismos de reparación han avanzado con lentitud y muchos damnificados siguen viviendo en la periferia, sin acceso a oportunidades de desarrollo.
Impacto a futuro
La paz en Colombia no debe medirse solo por la ausencia de conflicto armado, sino por la capacidad de transformar las condiciones de vida en los territorios. Para que el legado del acuerdo sea real, es urgente priorizar políticas públicas en educación, salud, infraestructura y desarrollo rural.
El mundo observa a Colombia como un laboratorio de construcción de paz, pero el verdadero éxito se medirá cuando quienes sufrieron la guerra vean una mejora tangible en su día a día. La década que comienza debe consolidar esos avances pendientes.