La IA generará más empleos de los que destruye, pero la transición será desigual, advierte un académico
Expertos en economía y tecnología afirman que la inteligencia artificial no solo reemplazará tareas, sino que también creará nuevas oportunidades laborales. Sin embargo, la clave estará en quién podrá acceder a esos puestos y cómo la sociedad apoyará a los desplazados.
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- 20 de julio del 2026
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La pregunta que domina el debate público sobre inteligencia artificial (IA) no es si eliminará puestos de trabajo, sino cómo lo hará. Sin embargo, un análisis más profundo sugiere que el impacto podría ser más complejo: además de destruir ciertos empleos, la IA tiene el potencial de crear otros nuevos, pero este proceso no será automático ni equitativo.
La lección de la paradoja de Jevons
Históricamente, las innovaciones tecnológicas no solo han reemplazado labores, sino que también han abaratado procesos y expandido mercados. Un ejemplo clásico es la paradoja de Jevons, observada en el siglo XIX por el economista William Stanley Jevons. Al mejorar la eficiencia del uso del carbón, paradójicamente se incrementó su consumo total, al hacerlo más barato y útil para nuevas aplicaciones.
Algo similar podría ocurrir con la IA. Al reducir los costos de programar, diseñar, analizar datos, atender clientes o coordinar procesos, podrían surgir más proyectos, productos y servicios, lo que generaría demanda de nuevas habilidades y, por ende, nuevos puestos de trabajo. No se trata de proteger los empleos actuales, sino de que la tecnología expande lo que las personas y las organizaciones pueden intentar.
El riesgo de una recuperación desigual
Aunque el saldo agregado de empleo podría ser positivo, la experiencia individual será profundamente desigual. Que la IA cree trabajo en la economía no significa que proteja las trayectorias laborales de quienes hoy se sienten amenazados. Puede haber más actividad total, pero también menos oportunidades para ciertos perfiles, menos espacios de entrada para trabajadores junior y mayor presión sobre ocupaciones administrativas, creativas o técnicas que antes parecían seguras.
Además, productividad y empleo no son sinónimos. Una empresa puede producir más con IA y aun así aumentar la presión sobre sus trabajadores. Un médico podría contar con herramientas de documentación automática, pero enfrentar mayor sobrecarga, revisión adicional y nuevas exigencias administrativas. Una pyme podría adoptar IA para competir, pero necesitar capacidades que no siempre están disponibles. Un profesional podría multiplicar su producción, pero quedar atrapado en una carrera permanente por actualizarse.
Las decisiones que definirán el futuro
El debate no debería reducirse a una pelea entre optimistas y pesimistas. La pregunta central no es si la IA destruirá o creará empleos, sino quién podrá moverse hacia los nuevos trabajos, quién asumirá los costos de volver a aprender y qué instituciones acompañarán esa transición. La inteligencia artificial puede crear trabajo, probablemente lo hará, pero una sociedad no se mide solo por su capacidad de inventar nuevas tareas, sino por no abandonar a quienes quedan desplazados por ellas.
Contexto e impacto: El futuro del empleo no dependerá únicamente de la tecnología disponible, sino de las decisiones que se tomen en materia de educación, capacitación, protección social y organización del trabajo. Para el lector, esto implica que la adaptación no es solo una responsabilidad individual, sino un desafío colectivo que requiere políticas públicas activas y un enfoque en la equidad.