Terremotos en Venezuela: el peligro invisible del polvo tóxico y la carne podrida que amenaza la salud pública

Expertos sanitarios advierten que la verdadera batalla tras los sismos del 24 de junio no está solo en los escombros, sino en controlar el colapso del agua potable, la gestión de residuos tóxicos y la desinformación sobre vacunas en albergues improvisados.

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  • 15 de julio del 2026
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Terremotos en Venezuela: el peligro invisible del polvo tóxico y la carne podrida que amenaza la salud pública

La noche del 24 de junio, el suelo tembló y el polvo se elevó como un velo gris sobre el oeste de Caracas. Pero, con el amanecer, las alarmas sanitarias empezaron a sonar en silencio.

Mientras los equipos de rescate trabajaban en la remoción de los escombros del edificio San Judas Tadeo, en la parroquia El Paraíso, un olor a humedad y una nube densa de partículas comenzaron a invadir las viviendas aledañas. Vecinos con asma, niños pequeños y adultos mayores se cubrieron el rostro con pañuelos de tela. No era una exageración. El verdadero riesgo, según advierten epidemiólogos y la Academia Nacional de Medicina, no es el pánico inmediato, sino lo que ocurre cuando la crisis entra en su fase de recuperación.

El primer mito: los cadáveres no generan epidemias por sí solos

Una de las mayores angustias que circulan entre los damnificados es el temor a que los cuerpos atrapados bajo las toneladas de concreto desaten una pandemia. El doctor Huníades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina, desmonta este mito con datos precisos: “Los cadáveres per se no producen epidemias, a menos de que estén en las cabeceras de los ríos o embalses”. La recomendación oficial es clara: si el rescate es imposible por el riesgo estructural, esos lugares pueden declararse camposantos sin que ello represente un peligro sanitario para la comunidad.

Polvo, asbesto y la batalla silenciosa en los pulmones

El verdadero enemigo, sin embargo, flota en el aire. La demolición y remoción de escombros libera una mezcla tóxica de cemento, sílice, fibra de vidrio y, en muchos casos, asbesto. Este último, un material cancerígeno silencioso, puede permanecer suspendido durante horas. El epidemiólogo Carlos D’Suze, profesor de la Universidad Central de Venezuela, explica que la inhalación prolongada de estas partículas eleva el riesgo de enfermedades respiratorias agudas, especialmente entre los voluntarios y los trabajadores de limpieza. La solución inmediata es técnica: humedecer los escombros con agua nebulizada durante la remoción y exigir mascarillas N95 o superiores para todos los operarios.

El colapso del agua: un cóctel de heces y químicos

Si hay una emergencia que puede desencadenar una crisis masiva, es la del agua potable. La fractura simultánea de las redes de acueductos y alcantarillados ha provocado que el agua de consumo se mezcle con residuos fecales. Esto, sumado al estancamiento de agua entre los escombros, crea el caldo de cultivo perfecto para brotes de leptospirosis, cólera y hepatitis A. El doctor D’Suze insiste en que la prioridad absoluta debe ser garantizar el suministro de agua potabilizada en los albergues y aislar de inmediato cualquier fuga de aguas servidas. Además, advierte sobre los residuos tóxicos: pinturas con plomo, mercurio de luminarias y solventes industriales que se filtran hacia el suelo si no se segregan correctamente.

Vacunas: ni todas ni ahora

Otro de los grandes mitos es la necesidad de vacunar masivamente a la población de forma inmediata. De acuerdo con las normas internacionales de la OPS y la OMS, no se recomienda hacer campañas masivas en plena emergencia. El motivo es logístico: las vacunas requieren una cadena de frío que puede romperse fácilmente en zonas incomunicadas. La postura de los expertos es clara: solo se deben aplicar vacunas selectivas y clave. La prioridad es el refuerzo antitetánico para todos los voluntarios que remueven escombros y caminan entre fierros retorcidos. En los albergues con hacinamiento, se valorará la vacunación contra la influenza y la COVID-19. Solo si las autoridades detectan un brote activo en el sistema de agua se recomendará la hepatitis A o el cólera.

Albergues: el foco real de la próxima crisis

“El verdadero riesgo está en los refugios”, sentencia Urbina. La escasez de agua potable en estos espacios impide hervir teteros o preparar fórmulas para lactantes, lo que puede desencadenar cuadros diarreicos severos en los bebés. La recomendación de los expertos es categórica: los ciudadanos deben enviar, durante los primeros días, alimentos no perecederos con sistema “abre fácil” y grandes cantidades de insumos de higiene personal (jabón, cepillos de dientes, cloro). "La comida preparada o perecedera solo debe ir a los puntos que tengan cocinas operativas", aclara el galeno.