Petróleo cae un 40% tras pico de guerra, pero gasolina no baja: las claves de la desconexión que indigna a los consumidores

El barril de Brent pasó de 138 a 81 dólares desde abril, mientras los precios en surtidores apenas se movieron. Expertos explican por qué la baja no llega al bolsillo.

  • 1166
  • 27 de junio del 2026
  • 4
Petróleo cae un 40% tras pico de guerra, pero gasolina no baja: las claves de la desconexión que indigna a los consumidores

**Santiago, Chile —** La escalada bélica entre Estados Unidos e Irán durante abril de 2026 provocó un shock en los mercados energéticos globales. El petróleo Brent saltó de 71,21 dólares por barril hasta un pico de 138,21 dólares en cuestión de semanas. Sin embargo, cuando las aguas volvieron a su cauce y el crudo retrocedió hasta los 81 dólares por barril, los conductores chilenos no vieron un alivio equivalente en las estaciones de servicio. ¿Qué explica esta desconexión?

La economista y analista de mercados, Carolina Errázuriz, lo resume en una frase: “El precio de la bomba es un cóctel de costos, impuestos y tiempos, no un espejo del barril”. La molestia ciudadana crece mientras el Gobierno mantiene un control de precios que, según voces del sector, opera con opacidad.

## El eslabón perdido: costos y plazos de importación

El primer factor que explica el desfase es la estructura del precio final. Por cada litro de gasolina que se vende, menos de la mitad corresponde al valor del crudo. El resto incluye fletes marítimos, seguros, almacenamiento, márgenes de distribución, costos logísticos y, sobre todo, impuestos específicos.

Además, opera un desfase temporal clave. “El combustible que usted carga hoy fue importado hace tres o cuatro semanas, cuando el petróleo estaba más caro”, explica el economista y columnista Jesús Geraldo Martínez. Las empresas distribuidoras trabajan con inventarios comprados a precios anteriores, lo que retrasa el traspaso de las bajas internacionales al consumidor final.

## Suben como cohete, bajan como pluma

El mercado internacional reacciona de forma asimétrica. Un conflicto geopolítico dispara los precios de inmediato por el miedo a una interrupción del suministro. En cambio, cuando el riesgo se disipa, la normalización es más gradual: el mercado espera confirmar que la crisis realmente terminó antes de ajustar a la baja.

“Los aumentos se trasladan en días; las bajas pueden tardar semanas”, señala Martínez. Este fenómeno, conocido como “cohete y pluma”, ha sido documentado en múltiples crisis energéticas y es una de las principales fuentes de frustración para los consumidores.

## El rol de la intervención estatal

El Gobierno chileno mantiene un sistema de administración de precios para los combustibles. Cuando el petróleo sube, el Estado absorbe parte del impacto para evitar alzas bruscas. Pero cuando el crudo baja, el mecanismo no siempre se traduce en una reducción inmediata al surtidor.

“Lo que no se baja hoy puede estar usándose para compensar sacrificios fiscales anteriores o para mantener la estabilidad del esquema de precios”, advierte Martínez. La falta de transparencia sobre estos movimientos genera desconfianza. Cada vez que se anuncia un precio, el ciudadano debería poder identificar cuánto corresponde al crudo, cuánto a impuestos y cuánto a márgenes.

## Impacto en la economía real

Aunque la baja del petróleo no se refleje de inmediato en la gasolina, sí reduce presiones sobre el transporte, la generación eléctrica, los alimentos y los fletes. Si la tendencia se mantiene durante varias semanas, es probable que el consumidor empiece a sentir un alivio gradual.

La volatilidad reciente golpea especialmente a taxistas, transportistas, pequeños comerciantes y hogares con vehículos. Por eso, la demanda de mayor transparencia es cada vez más fuerte: mientras no se explique con claridad la composición del precio, la sensación de impotencia seguirá creciendo.